Cuenco de sol, manantial de alegría,
las flores nacieron para equipararte al mundo,
para embellecerlo a tu imagen y semejanza.
Se me antoja un recuerdo dulce y deseo evocarte
como se evocan la sombra de un árbol en verano
y la luna una noche repleta de estrellas.
Pero yo, desnudo de besos, te miro en silencio,
pensando en el tiempo perdido, en los astros de lejos.
Soñando tu luz a distancia, ciego e iluminado,
confundo los guiños con lo verdadero...
mi mente febril se deshace en tus haces de luz,
soñando colores imposibles y el prisma en que se abren.
Quisiera sentir el calor de ti, sol de mediodía,
y apenas mi piel se sonroja, y yo sigo pálido...
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