Tengo el bigote crecido, barba a seis días.
Un gato macho hambriento, con frío y mordelón.
Hoy se cortó la luz por tercera vez en lo que va del año
y yo, estereotipo de hombre nocturno, sin lumbre.
Un frío hondo congela los restos de comida en la pileta;
el agua estanca, cuna del cólera, se empieza a solidificar.
¿quién beberá el vino dulce que quedó de anteayer?
¿quién soñará con el sol?¿quién con la sal?
El teléfono mudo, con saldo y cargado,
espera un diálogo que nunca vendrá.
El diario, el noticiero y la radio
hablan de guerras, de fútbol y de piedad.
Humo y cigarrillo, cenizas, uñas de gato y de hombre,
y un papel de caramelo sabor ananá
reposan sobre el cenicero, y lo que no, sobre el suelo,
el café cortado con leche y dos pepas de membrillo.
Bonita forma de invocar a La Tristeza y a su hermana Soledad:
con los ojos vidriosos, con el llanto negado.
Sin embargo una música embriaga lo que el alcohol no ha podido.
Una música fuerte, disonante y pasada de moda.
El sueño despierto de soñar tus ojos,
oler tu perfume, estrechar tu mano, verte la sonrisa,
copiarte el rostro en un papel con carbonilla
y escribir un nombre irreconocible pero real.
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